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1.- Enraizado en el Voto En Blanco
“Ciudadanos en blanco” ha partido
-y parte- de la oportunidad e incluso necesidad de fomentar y practicar el
“voto en blanco” en las distintas convocatorias electorales.
El razonamiento común que en “ciudadanos en
Blanco” nos hemos hecho es el siguiente:
En nuestra sociedad parece
percibirse cada día con mayor amplitud un
déficit de justicia y democracia en las instituciones políticas que produce en
muchos ciudadanos rechazo de la política al uso y, con alguna frecuencia,
rechazo del sistema político vigente, tal como está plasmado en las leyes y
en la propia constitución; lo que les lleva, a la hora de las elecciones a los
consistorios y a los parlamentos, a la abstención o el voto en blanco.
Para unos actúa como motivación
de su postura la corrupción, demasiada frecuente, a su juicio, y no
ejemplarmente castigada y que se acerca hasta los mismos aledaños del poder. (Corrupción
hoy evidenciada con toda claridad a lo largo y ancho del país en la
construcción y el urbanismo).
Para otros, es la ya crónica
enfermedad del paro y del trabajo precario, amen de la exclusión social a que
muchos están abocados cuando no han caído ya. Añádase la disparatada y
aberrante espiral del precio de las viviendas que hipoteca toda la vida laboral
de una persona.
Les mueve, asimismo, el
desmantelamiento, por privatización, de determinados servicios públicos en
sanidad, educación y trasportes, por ejemplo. Les inquieta la falta de atención
a los problemas fundamentales de cara al futuro: contaminación y cambio
climático, desertización, agotamiento de recursos no renovables, nuestra
participación en las guerras exteriores y el armamentismo en que a través de la
OTAN y la UE, entre otros organismos internacionales, estamos insertos.
Algunos -más bien, muchos- apuntan al déficit
democrático como tal: listas cerradas en las candidaturas, estructura piramidal
de los partidos políticos, opacidad de su financiación, obediencia de senadores
y diputados al partido propio y no a los electores, búsqueda descarada del
poder y el privilegio, abuso de las mayorías, etc.
Otros más, conscientes de que de hecho todos los pueblos y países
estamos relacionados, no ven ni intención ni programas creíbles y eficaces para
abordar los problemas de justicia, estrechamente vinculados a la viabilidad de
la paz, que genera en el mundo la tremenda e injusta desigualdad entre ricos y
pobres, entre integrados y excluidos.
Preocupa, en este sentido, la
vinculación con organismos internacionales, comenzando con la Unión Europea,
que generan ingente materia legislativa vinculante para nuestro país, pero
nunca explicada con suficiencia y debatida con conocimiento de causa por los
ciudadanos.
Un grupo numeroso de ciudadanos
cree que el sistema legal vigente no ampara como es debido los derechos
sociales y económicos de las personas, pueblos y colectividades;
máxime, cuando se da, con apoyo de la legalidad, una defensa a ultranza de la
propiedad privada ilimitada (véase, por ejemplo, el caso de las patentes
farmacéuticas de tan negativa influencia entre los pobres) y de los derechos
del sistema financiero (véase el añejo, pero sangrante, problema de la deuda
externa). Resulta en este sentido paradigmática la dificultad de acceder hoy, en nuestro país y también en
los de nuestro entorno, a una vivienda digna, a no ser hipotecando toda la vida
laboral y, como consecuencia, la vida sin más (hipotecas a 30, 40 y hasta 50
años).
Todo este conjunto de razones -para unos, todas; para otros, algunas- hacen
creer que es el sistema como tal el que debe reformarse y que los partidos
políticos, tal como están estructurados, no pueden dar respuesta a las
exigencias políticas y sociales de hoy. Y eso es lo que lleva a algunos a
abstenerse en las elecciones y a otros -persuadidos de que la sola abstención
puede ser tachada de irresponsable- al
voto en blanco o a elegir la candidatura que, entre todas las propuestas, le
parece la menos mala.
Evidentemente, “Ciudadanos en
Blanco” opta por el “voto en blanco”, convencidos de que la mera
abstención es objetivamente una dejación de responsabilidad. Cuando se nos
convoca a manifestarnos sobre algo importante para la sociedad -y las
elecciones lo son- nuestra respuesta debe ser clara y -así lo entendemos- la
abstención no lo es; aunque, sin duda, ésta que entendemos como
irresponsabilidad ciudadana deba preocuparnos a todos, pues es el síntoma de
una atonía o fatalismo social de muchos que o desesperan de la posibilidad de
que la sociedad pueda mejorar, o creen que solo la subversión puede cambiarla,
o que lo mejor es colocarse al margen y sacar el mayor provecho individual
posible.
No ignoramos que muchas personas
que se abstienen en las votaciones están tratando de construir al margen de las
instituciones vigentes una sociedad mejor y más justa. En construir más allá e
incluso por encima de lo existente estamos de acuerdo y en ello estamos también
nosotros. Lo que nos atrevemos a recomendar a éstos es que también, a través
del voto en blanco manifiestan su desaprobación a lo existente, pues su simple
abstención siempre resultara cuando menos confusa.
En cuanto a los que eligen “como
mal menor” al a lo menos malo, solamente recordarles que situarse en esa zona
de tibieza entre lo frío y lo caliente puede resultar “el mal mayor” pues
colabora a perpetuar indefinidamente los fallos y deficiencias del sistema.
2.- El Plus de Ciudadanos en Blanco:
Partiendo, pues, de la convicción
de que es el sistema como tal el que debe reformarse y que los partidos
políticos, tal como están estructurados, no pueden dar respuesta a las
exigencias políticas y sociales de hoy, el
problema está en que, legal y constitucionalmente, el simple voto en blanco no
resulta eficaz, al menos a corto plazo, para cambiar la forma de hacer política
ni, por supuesto, las estructuras sociopolíticas; aun reconociendo la
ingente y meritoria labor de concienciación que han llevado a cabo determinados
grupos que han promovido sin descanso el voto en blanco desde muy sólidas
razones.
Presentar un nuevo partido
tampoco tendría sentido, pues los condicionamientos existentes le obligarían a
entrar por el sistema en que están enredados los demás. Igualmente, proponer
una nueva ley desde la iniciativa popular no parece poder llegar lejos; pues,
aparte de la difícil recogida de medio millón de firmas, la ley propuesta
habría de ser debatida por los menos interesados en que salga adelante.
Una salida imaginativa -y creemos que eficaz, como comienzo de un
camino- es la del colectivo "Ciudadanos en Blanco". Este
colectivo se ha constituido recientemente (apenas hace cuatro años) en partido
político, pero atípico (un no-partido, dicen ellos), con una doble finalidad:
1°.- Impedir que los partidos que
se presenten a las elecciones se apropien del voto en blanco y, hasta cierto
punto, también de la abstención.
2°.- Dar una salida -volviendo
eficaz el voto en blanco- a los votantes en blanco y a los que, a la hora de
elegir entre los partidos existentes, se rigen por la regla del menos malo.
Por ello, llevan como punto único y exclusivo de su programa que se modifiquen
las leyes correspondientes o se promulgue una nueva para que se computen los
votos en blanco en igualdad de condiciones con los de las candidaturas, de modo
que se dejen sin ocupar -queden vacíos- los escaños que, por el número de votos
en blanco emitidos, pudieran corresponderles. Su lema es: POR UN VOTO EN BLANCO COMPUTABLE.
Mientras esa ley no se promulgue,
“Ciudadanos en Blanco”, siempre que se presente a las elecciones (ya se
presentó a las últimas correspondientes a la Asamblea de la Comunidad de
Madrid, en las que obtuvo 10.000 votos y a las Generales para el Congreso y el
Senado del país, con 40.000 votos a su favor), pedirá el voto para su
formación, comprometiéndose a dejar vacíos los propios escaños que pudieran
corresponderle.
Por lo demás Ciudadanos en Blanco se disolvería inmediatamente
que la ley que solicita fuese aprobada; pues no tiene ninguna voluntad de
poder.
De esta forma “Ciudadanos en Blanco” asume todas las
razones de los votantes en blanco, que quieren profundizar la democracia, sin
especificar ninguna ni hacerla suya en exclusiva. Únicamente pretende que
se visibilice en los parlamentos la disconformidad de estos votantes que no se
encuentran en pie de igualdad con los que votan a las demás formaciones
políticas.
Otra cosa es que, iniciado este
camino y caminado por él el espacio suficiente, no se alegren -que sí se
alegrarán- de que aquellos que se sientan impulsados a ello den futuros pasos
de propuestas concretas. Ahora dejan la
pelota en el tejado de los partidos tradicionales por si, recibido este serio
aviso, son capaces de cambiar de rumbo y votan la ley que se les pide.
3.- Ciudadanos en Blanco, Partido abierto
Partimos de un hecho. Según el
registro del Ministerio del Interior, son varios centenares los partidos
políticos inscritos; en su mayoría lo que entendemos por partidos
testimoniales. Incluso son abundantes los de ámbito exclusivamente municipal.
Comprendemos efectivamente (y no
vamos nosotros a negar su legitimidad) que muchos grupos de ciudadanos,
descontentos con el discurrir de la vida política, quieran, al margen de los
partidos al uso, proponer, en las contiendas electorales sus puntos de vista y
para ello constituyan partidos políticos haciendo hincapié en uno u otro punto
programático para darle autenticidad a la democracia. Sin duda, estos grupos
hacen una labor positiva como movimientos sociales, pues airean y ponen de
relieve un conjunto de problemas reales y planteamientos distintos que
generalmente ignoran o desprecian los “profesionales” de la política.
Sin embargo, entendemos nosotros, en orden a
ser eficaces este proceder choca con dos enormes dificultades. Por una parte,
el blindaje de los políticos al que ya nos hemos referido. Y, por otra, la
inevitable atomización de grupos y tendencias debido a las diferentes razones
por las que cada grupo se opone al actual proceder político. De ahí que “Ciudadanos en Blanco”, aun aceptando como
válidas las razones de cada grupo, apueste por el voto en blanco sin más
aditamentos y sin potenciar unas razones sobre otras. Confluimos y coincidimos
con todos en el rechazo y eso es lo que expresa el “voto en Blanco Computable”;
que se escuche al conjunto de los que no están de acuerdo.
Lo cual no
quiere decir que cada grupo, en campaña electoral y fuera de ella, no pueda y
deba manifestar públicamente sus razones y propuestas; lo que, desde luego,
enriquecerá enormemente la conciencia política de los ciudadanos. Pero lo que
pedimos al ciudadano, a la hora de votar, es que, mediante “Ciudadanos en Blanco” manifieste su voluntad de que
el voto en blanco, es decir, su rechazo responsable, sea “computable”.
Se comprende así por qué “Ciudadanos en Blanco” no puede coaligarse con otros
grupos que incluyen en su programa una lista de reivindicaciones o propuestas
detalladas, pues nos veríamos obligados a no coaligarnos con otros grupos que
también ofrecen propuestas concretas pero distintas de las de los anteriores. No
es por desprecio a ninguno sino por respeto a todos. No podemos
elegir; pues tendríamos que dejar fuera a muchos que también tienen sus razones
válidas para el rechazo, y contentar a todos supondría elaborar un programa
completo de acción política, y a eso por principio renunciamos para no caer en
la trampa del sistema y para dejar, como venimos defendiendo, la pelota en el
tejado de quienes se atreven a constituirse en “profesionales” de la política.
Solo, pues, podemos coaligarnos con quienes en su programa lleven como único
punto la reivindicación del “Voto en
Blanco Computable”, aun cuando, repetimos, lo defiendan desde sus
planteamientos y razones (Sólo rechazamos los planteamientos y razonamientos que
justifiquen o defiendan la violencia o propugnen soluciones manifiestamente
antidemocráticas). Con esta condición estamos dispuestos a unirnos en pie de
igualdad a todos los que lo deseen. De otra manera sólo nos es posible caminar
por nuestra cuenta hasta donde nos sea posible y hasta donde seamos
comprendidos.
Donde realmente “Ciudadanos en Blanco” está abierto a todos es en la
promoción y composición de sus posibles listas electorales. Cualquier grupo
de ciudadanos de un municipio, de una provincia o de una autonomía puede
presentar una lista como “Ciudadanos en Blanco” siempre que el “VOTO EN BLANCO
COMPUTABLE” sea su punto programático (defendido, como ya hemos dicho, desde
sus propios planteamientos), y “Ciudadanos en Blanco”, en cuanto partido político
lo asumirá como propio.
Por “Ciudadanos en Blanco”
Fedro Galindo Tapias
www.ciudadanosenblanco.com
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