Inicio arrow Qué es CenB arrow Ciudadanos en Blanco, arriesgada candidatura
Ciudadanos en Blanco, arriesgada candidatura Imprimir E-Mail

En nuestra sociedad parece percibirse un déficit de justicia y democracia en las instituciones políticas que produce en muchos ciudadanos rechazo de la política al uso y, con alguna frecuencia, rechazo del sistema político vigente, tal como está plas­mado en las leyes y en la propia constitu­ción; lo que les lleva, a la hora de las elec­ciones a los consistorios y a los parlamentos, a la abstención o el voto en blanco.

Para unos actúa como motivación de su postura la corrupción, demasiada frecuen­te, a su juicio, y no ejemplarmente castiga­da y que se acerca hasta los mismos ale­daños del poder.

Para otros, la ya crónica enfermedad del paro y del trabajo precario, amen de la exclusión social a que muchos están abo­cados cuando no han caído ya. Añádase la disparatada y aberrante espiral del precio de las viviendas que hipoteca toda la vida laboral de una persona.

Les mueve, asimismo, el desmantela­miento, por privatización, de determinados servicios públicos en sanidad, educación y trasportes, por ejemplo. Les inquieta la falta de atención a los problemas fundamentales de cara al futuro: contaminación y cambio climático, desertización, agotamiento de recursos no renovables, nuestra participa­ción en las guerras al lado de la potencia hegemónica sin ninguna actitud crítica (armamentismo), etc.

Algunos terceros apuntan al déficit democrático como tal: listas cerradas en las candidaturas, estructura piramidal de los partidos políticos, obediencia de senadores y diputados al partido propio y no a los elec­tores, búsqueda descarada del poder y el privilegio, abuso de las mayorías, etc

Otros más, conscientes de que de hecho todos los pueblos y países estamos relacio­nados, no ven ni intención ni programas creíbles y eficaces para abordar los proble­mas de justicia, estrechamente vinculados a la viabilidad de la paz, que genera en el mundo la tremenda e injusta desigualdad entre ricos y pobres, entre integrados y excluidos.

Preocupa, en este sentido, la vinculación con organismos internacionales, comen­zando con la Unión Europea, que generan ingente materia legislativa vinculante para nuestro país, pero nunca explicada con suficiencia y debatida con conocimiento de causa por los ciudadanos.

Un grupo numeroso de ciudadanos cree que el sistema legal vigente no ampara como es debido los derechos sociales y económicos de las personas, pueblos y colectividades; máxime, cuando se da, con apoyo de la legalidad, una defensa a ultran­za de la propiedad privada ilimitada (véase, por ejemplo, el caso de las patentes farma­céuticas de tan negativa influencia entre los pobres) y de los derechos del sistema finan­ciero (véase el añejo, pero sangrante, pro­blema de la deuda externa).

Todo este conjunto de razones -para unos, todas; para otros, algunas- hacen creer que es el sistema como tal el que debe reformarse y que los partidos políti­cos, tal como están estructurados, no pue­den dar respuesta a las exigencias políticas y sociales de hoy. Y eso es lo que lleva a algunos a abstenerse en las elecciones y a otros -persuadidos de que la sola absten­ción puede ser tachada de irresponsable- ­al voto en blanco o a elegir la candidatura que, entre todas las propuestas, le parece la menos mala.

El problema está en que, legal y consti­tucionalmente, ni la abstención ni el voto en blanco son eficaces, al menos a corto plazo, para cambiar la forma de hacer polí­tica ni, por supuesto, las estructuras socio­políticas; aun reconociendo la ingente y meritoria labor de concienciación que han llevado a cabo determinados grupos que han promovido sin descanso el voto en blanco desde muy sólidas razones.

Presentar un nuevo partido tampoco ten­dría sentido, pues los condicionamientos existentes le obligarían a entrar por el siste­ma en que están enredados los demás. Igualmente, proponer una nueva ley desde la iniciativa popular no parece poder llegar lejos; pues, aparte de la difícil recogida de medio millón de firmas, la ley propuesta habría de ser debatida por los menos inte­resados en que salga adelante.

Una salida imaginativa -y creemos que eficaz, como comienzo de un camino- es la del colectivo "Ciudadanos en Blanco". Este colectivo se ha constituido recientemente en partido político, pero atípico (un no-parti­do, dicen ellos), con una doble finalidad:

1°.- Impedir que los partidos que se pre­senten a las elecciones se apropien del voto en blanco y, hasta cierto punto, tam­bién de la abstención.

2°.- Dar una salida -volviendo eficaz el voto en blanco- a los votantes en blanco y a los que, a la hora de elegir entre los parti­dos existentes, se rigen por la regla del menos malo.


Por ello, llevan como punto único y exclusivo de su programa que se modifi­quen las leyes correspondientes o se pro­mulgue una nueva para que se computen los votos en blanco en igualdad de condi­ciones con los de las candidaturas, de modo que se dejen sin ocupar -queden vacíos- los escaños que, por el número de votos en blanco emitidos, pudieran corres­ponderles.

Mientras esa ley no se promulgue, Ciu­dadanos en Blanco, siempre que se presente a las elecciones (ya se presentó a las correspondientes a la Asamblea de la Comunidad de Madrid, en las que obtuvo 10.000 votos y a las Generales para el Congreso y el Senado del país, con 40.000 votos a su favor), pedirá el voto para su formación, comprometién­dose a dejar vacíos los propios escaños que pudieran corresponderle.

Por lo demás Ciudadanos en Blanco se disolvería inmediatamente que la ley que solicita fuese aprobada; pues no tiene nin­guna voluntad de poder.

De esta forma Ciudadanos en Blanco asume todas las razones de los votantes en blanco, que quieren profundizar la demo­cracia, sin especificar ninguna ni hacerla suya en exclusiva. Únicamente pretende que se visibilice en los parlamentos la dis­conformidad de estos votantes que no se encuentran en pie de igualdad con los que votan a las demás formaciones políticas.

Otra cosa es que, iniciado este camino y caminado por él el espacio suficiente, no se alegren -que sí se alegrarán- de que aque­llos que se sientan impulsados a ello den futuros pasos de propuestas concretas. Ahora dejan la pelota en el tejado de los partidos tradicionales por si, recibido este serio aviso, son capaces de cambiar de rumbo y votan la ley que se les pide.

Fedro Galindo Tapias


 
< Anterior   Siguiente >
      

CenB en Facebook

CenB en Facebook

Buscar

 
top